sábado, 14 de julio de 2012

Crítica: Valpore de Cristóbal Gaete

Delirio y marginalidad podrían ser los dos conceptos que mejor definen a Valpore. Un libro que se ha vuelto mítico entre los lectores del puerto dada la inusitada cobertura que recibió su autor Cristóbal Gaete tras ser baleado por un compañero de casa hace un tiempo.

En Valpore vemos personajes arquetípicos de la cultura de masas se reinventan en este libro, tomando una identidad porteña ceñida a la decadencia propia de la ciudad patrimonial que acá se vuelve sórdida y peligrosa. Putas, tipos que bailan como Mikk Jagger, trasvestis haciendo mamadas por 10 lucas en una limusina…

Un Valpo pastabasero y angustiado, sumido en la interzona de Burroughs, donde mendigos y hypster conviven en espacios comunes. Una foto exacerbada del Valpo que convive en el Barrio Puerto de noche.

Es ese puerto que tiene al mismo tiempo al ejército de salvación administrando ayuda a los mendigos y que mantiene los after de turistas europeos pagando diez lucas por una chela. Un lugar donde la bohemia guarda el libertinaje sexual, el exceso y la marginalidad.

Con un estilo definido por su autor como Lumpen Ficción, la novela tiene un ritmo vertiginoso, como los vómitos y patadas que confluyen en Valpore.

El libro cuenta la historia de tres amigos drogos que habitan una lúgubre habitación del cerro cordillera. Sus vidas, o lo que queda de ellas, avanza al tiempo que Valpo se va desnudando en espacios fáciles de reconocer, y difíciles de creer.

Valpore, el cerro más pobre, el del margen, a donde no se ve el mar y la única luz que brilla con fuerza es la del cañón de una hechiza que percuta. Una analogía social que su autor declaraba a un medio local porteño: “Más que la versión bizarra de valpo, para mí es la posibilidad de crear un espacio a partir de elementos reales llevados a un extremo”.

Llama la atención la cantidad de personajes que interactúan en una novela tan breve. Pasturrientos despojos de habitantes del puerto que se describen con breves biografías que configuran un universo de personajes interesante para una novela de tan corta extensión.

Las escenas de violencia y sexo explícito, por momentos te recuerdan a pasajes de Bukowsky, sin caer en los típicos clichés de “ohh soy una mierda de ser humano, y me drogo”. En Valpore hay balas, pacos que se mueren quemados por una turba, un masa de pendejos de trece años follándose una puta, jeeps de los ratis envueltos en llamas por un lumpen en descontrol.

Un Valpo de ficción que por pasajes se hace tan natural que hace entrar la duda de qué tan irreal pueden ser las escenas descritas en Valpore.

Pueden encontrar Valpore por tres lucas en las librerías de Valparaíso, pero a los que viven por allá les doy un dato, en el kiosko de la plaza Waddington (Cerro Playa Ancha) tienen ejemplares nuevos a 2 lucas.

Lamentablemente no está disponible en ningún otro lugar que no sea el depósito libros de la biblioteca nacional, ya que por petición de Gaete se retiraron todos los ejemplares disponibles en Valparaíso y Santiago… cosa que hace del libro aún más una leyenda del under porteño

Reseña: Trópico de Cáncer, Henry Miller

París de los años 30. Mucho sexo, vino caro, ansias delirantes por vivir y élites descompuestas que decaen en una vorágine mundana que les carcome sus genitales en enfermedades de transmisión sexual. Esto y más es Trópico de Cáncer de Henry Miller. Un libro muy la raja que te recomiendo por ser rápido en su lectura y de una estructura narrativa atípica y deforme que te vuela la cabeza. Su autor Henry Miller, es un gringo archi conocido en el ambiente literario. Por ahí, en referencias que hacen de él, leí que lo tildan de un vividor anárquico que inspiró a beatniks, hippies y punks… que es el papá de William Burroughs, Kerouac, Bukowsky, Hunther Thompson y cualquiera que se les asemeje. En parte tienen razón, pero Miller, en esta novela, que es considerada su mejor novela -como indica su contraportada-, actuó con una honestidad que descalabró a la sociedad de ese entonces. “Decidí escribir de mí” dijo, pero en realidad escribió sobre los demás burgueses de su tiempo y por eso lo censuraron. Porque su “inmoralidad” no era solo la de él, sino que era la hipocresía de una forma de vida que en ese entonces se negaba en público y se vivía en privado. Era esa incapacidad de la sociedad de su entonces, por aceptar sus relatos carnales en que había semanas donde se acostaba con una rusa, una alemana y una francesa; y no era más que la vida cotidiana que escondían por esos años los nobles guardianes del buen vivir. Por eso y más es que te conmino a leer “Trópico de Cáncer” de Miller, para que te des un charchazo intelectual.

Crítica: En El Regazo de Belcebú

Se dan las circunstancias para que Valparaíso sea la cuna de escritores de paso. Escritores que lejos de ser porteños, se inscriben en la cultura de “los que pasaron poro Valpo”. Una ciudad de transeúntes del mundo que vienen de otros lugares y desarrollan su carrera en el puerto.

Tal es el caso de Cristian Geisse Navarro, un escritor coquimbano que durante este año irrumpió con su publicación En El Regazzo de Belcebú, un libro que circula entre varios estilos, cada cual manejando la perturbación y estremecimiento del lector con su estética propia.

Por un lado está el horror cósmico de Lovecraft y el punk sucio de Acker, incluso me atrevería a decir que un dejo de Salvador Donoso con LSD en el cerebro. Cristian entrega todo esto con el relato de un provinciano que cuenta seis cuentos con personas comunes y corrientes que viven experiencias con el diablo, ya sea en la precordillera de la región de Coquimbo o en catacumbas ficticias bajo el barrio puerto. Todo cruzado con universos decadentes y sentidos alterados.

Un libro con buen ritmo en su relato y que deja con gusto a una pesadilla bien vivida, de esas que te hacen despertar en medio de la noche con una mezcla de miedo, adrenalina y excitación.